Así que ¿tenéis un enlace internacional en Zúrich y os sobran unas cuantas horas? No las perdàis entre fingers y mostradores de check-in! La ciudad suiza nos ofrece un gran pro: el centro es muy accesible desde el aeropuerto. Y también, hay que decirlo, un gran contra: es una de las urbes más caras del mundo. Esto segundo, sin embargo, lo intentaremos minimizar.

Si tenemos tres o cuatro horitas y no conocemos nada de esta ciudad, la mejor propuesta es dar un paseo por las dos riberas del Limmat, el río que articula el núcleo antiguo de la ciudad suiza. ¿Y cómo llegamos? Es muy fácil: sólo hay que coger cualquiera de los numerosos trenes que salen de la estación de tren del aeropuerto (Zürich Flughafen, a menudo desde los andenes 3 y 4) en dirección al centro (Zürich Hauptbahnhof o HB). El trayecto no llega ni a los 15 minutos de duración, y nos deja en el extremo norte de la ciudad antigua, justo al lado del Museo Nacional. Muy cerca de la entrada principal de la estación se encuentra la oficina de turismo, donde podéis conseguir (gratis) un mapa de Zúrich.

Panoràmica de Zuriz amb el riu

Dos de las cinco torres de Zúrich, vistas desde el margen derecho del Limmat: a la izquierda, Fraumünster; a la derecha, la iglesia de San Pedro.

La Zúrich de las cinco torres

De norte a sur y por la ribera occidental del río, y después de sur a norte por la oriental, podemos descubrir lo esencial de la ciudad siguiendo cinco torres prominentes que nos servirán de guía. La primera es la cúpula del observatorio Urania, que se alza sobre un gran edificio construido entre 1905 y 1907 que domina esta parte de la ciudad atravesada por la Banhhofstrasse, una de las calles más comerciales de la ciudad. Si sois fans de la astronomía, el observatorio se puede visitar, aunque nosotros no supimos ver si había un horario fijo. Otros viajeros recomiendan llamar antes de ir.

A dos pasos hacia el sur las callejuelas de la ciudad antigua se levantan ligeramente hacia el montículo de Lindenhof, históricamente coronado por un fuerte romano y, después, por un castillo carolingio. Ahora hay una plaza amplia con vistas sobre el Limmat y, justo al lado, se alza la iglesia de San Pedro, con una característica peculiar: tiene el reloj de torre más grande de Europa. Se puede subir a la torre para ver desde arriba la zona antigua de Zúrich o bien simplemente pasear por las calles a su alrededor, bajo nuestro punto de vista las más agradables de la ciudad.

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La plaza de la abadía de Fraumünster, y los entornos, ofrecen algunos de los ejemplos más notables de la antigua arquitectura zuriquesa.

Aún más al sur encontramos la tercera de las cinco torres: la de la iglesia de Fraumünster, una antigua abadía que remonta su historia nada menos que al año 853. Aquí vale mucho la pena entrar para ver los cinco vitrales y el rosetón que pintó Marc Chagall, un artista de enorme talento originario de una familia judía de Bielorrusia. Los colores llamativos, las formas rotas y el dinamismo que rezuma la obra son motivos suficientes para detenerse un rato en este templo.

Ya estamos casi en el punto donde el río Limmat sale del lago de Zúrich, o Zürichsee. Si queremos ir hacia la cuarta torre, sólo tenemos que atravesar el último puente de la ciudad (Quaibrücke) y llegar a la Grossmünster, probablemente uno de los templos con una carga histórica más fuerte de todo el mundo. Aquí fue pastor Ulrico Zwinglio, contemporáneo de Martín Lutero y de Juan Calvino y líder de la reforma protestante en Suiza. Si os han gustado los colores vivos de los vitrales de Chagall, aquí podéis buscar los del artista suizo Augusto Giacometti, también muy vistosos.

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Las vidirieras de Chagall en la antigua abadía de Fraumünster. Instalados en 1970, representan diferentes escenas bíblicas.

Y vamos hacia la quinta torre, un poco más al norte: la de la Prediger Kirche. En este caso, os proponemos de utilizarla como excusa: tras esta iglesia, busque las escaleras que suben hacia el mirador de la Universidad de Zúrich. Desde allí tiene una vista magnífica sobre toda la ciudad antigua, con la montaña del Uetliberg al fondo. Cuando se haya llenado los ojos de la silenciosa y tranquila belleza de Zúrich, sólo tenéis que bajar hacia la estación, que la tenéis una vez más a dos pasos. También podéis tomar el funicular, si os da pereza caminar.

Muy bien. ¿Y lo de «minimizar» los costes?

Oh, sí. Lo hemos prometido. Si tenéis que comer en cualquier restaurante del centro de Zúrich, preparad al menos 40 francos por persona sin daros ningún gran festín, lo que desajusta muchos presupuestos. Así que os aconsejamos un par de alternativas. Una, buscad algún chiringuito en la calle -hay al borde del lago y también cerca del Ayuntamiento- donde vendan salchichas o bocadillos. Por 10 francos podréis comer algo. Dos, id al supermercado Coop y comprad la comida preparada que tienen: pizzetas, verduras, pollo, guisos, patatas fritas … Con 10 francos también saldréis bien parados. Buscaos un banco en la calle, ¡y al ataque!

¿Y si tenemos todo un día en lugar de tres o cuatro horas?

Si todavía tenéis más ganas de historia, podéis seguir las huellas del líder soviético Lenin, quien antes de hacer la revolución residió durante un año en el exilio aquí, en la Spiegelgasse. Se dice que pasaba horas rebuscando por las librerías de la ciudad. Si tenéis ganas -y sobre todo si sabéis alemán-, imitarlo puede ser un ejercicio interesante.

Si en cambio deseáis algo más contemporánea y ligerito, una buena propuesta es acercarse al Museo de la FIFA, estrenado en 2016: ¡todo un recorrido por la historia del fútbol mundial! Si vuestra estancia en Zúrich os coincide en lunes, no lo podréis visitar porque está cerrado.

Y si por el contrario deseáis aprovechar para hacer una cerveza en un entorno alternativo, seguid el río Limmat pasada la estación, siempre por el margen occidental, hasta llegar a la zona del Viadukt: los antiguos arcos de la vía del tren alojan restaurantes, tiendas trendy, galerías de arte y muchas cosas más.