Volar a las Azores, a 1.500 kilómetros de distancia de Lisboa, es muy fácil desde los principales aeropuertos españoles pero, en orvoambio, no es un destino demasiado popular entre los viajeros. La verdad, por nuestra parte que continúe así porque, seguramente, gracias a esto el archipiélago de las Azores conserva una naturaleza envidiable que ríanse ustedes de Costa Rica y otros destinos “Pura Vida”.

La verdad es que, a diferencia de otras destinaciones más playeras y de grandes complejos hoteleros como pueden ser algunas zonas de Canarias o Baleares, el gobierno de las Azores ha sabido explotar la conservación de su naturaleza como atractivo para el turismo. Pero no penséis que las Azores son sólo excursiones por paisajes volcánicos únicos: este archipiélago formado por nueve islas, con identidad propia cada una de ellas, guarda muchas sorpresas. Podríamos escribir páginas y páginas sobre este viaje que nos dejó con un gran sabor de boca, pero vamos a intentar resumir a siete las razones por las que no debéis dejar de conocer este pedazo de tierra en medio del Atlántico.

1. Sus volcanes

Las Azores se componen de nueve islas de origen volcánico situadas en la conjunción de las placas tectónicas de Eurasia, Norteamérica y África. Esta situación las ha dotado con algunos de los paisajes más curiosos que podáis encontrar. También es la razón por la que podréis disfrutar de baños termales en plena naturaleza. En la isla más grande, la de Sao Miguel, destacan dos: Furnas y Sete Cidades.

En Furnas, podréis visitar el lago que llena la caldera del volcán (el cráter se transforma en caldera cuando deja de estar activo y se derrumba sobre su interior) que es donde cocinan el famoso cozido das Furnas en grandes ollas enterradas en la tierra para aprovechar el calor del volcán. También podréis ver, en el pueblo, la zona de fumarolas de las cuales, en algunas, brota agua hirviendo. En otras, de forma inquietante el humo sale de agujeros negros sin fondo, como si del camino al infierno se tratara. Y no es para menos, porque el olor a azufre es realmente penetrante en toda esta zona.

En la zona de Sete Cidades encontraréis una de las fotos más típicas, e impresionantes, de las Azores. Para encontrarla tendréis que dirigiros a la Lagoa do Canário (aunque no hace falta bajar hasta el lago) y seguir el camino de tierra hacia el Miradouro da Boca do Inferno.

CONSEJO MAPAMUNDING

Es un lugar muy concurrido aunque nosotros fuimos a última hora de la tarde y no había prácticamente nadie. Si eres un amante de la fotografía te recomendamos que vayas a primera hora de la mañana: aún será un lugar tranquilo y además tendrás el sol en mejor posición.

Otro atractivo de Sete Cidades es bajar al pueblo, alquilar un kayak y navegar sobre la boca del volcán. ¿En cuántos lugares se puede hacer algo así?

2. La gastronomía

No es una cocina original y sorprendente, pero sí de mucha calidad y con productos frescos. La relación calidad-precio es muy buena. En este otro artículo ya os hemos hablado de la curiosa manera de cocinar el Cozido das Furnas, en Sao Miguel. Éste es uno de los platos imprescindibles para conocer les Azores.


 

En los menús encontraréis mucho pescado y marisco fresco a buen precio. El pulpo en todas sus versiones es muy popular y fácil de encontrar. Y también mucha carne procedente del ganado local. Como curiosidad, y para que os hagáis una idea de la importancia del sector ganadero, en Corvo (la isla más pequeña del archipiélago con tan sólo 450 habitantes) hay entre 1.300 y 1.400 vacas. Una gran parte se exporta a Lisboa diariamente. Tampoco faltan las sopas, consistentes y casi imprescindibles en la dieta de un azoriano, como también en la de un portugués. En cuanto al dulce, destaca el bolo lêvedo, un pastelito tradicional de Furnas que encontraréis fácilmente en la isla de Sao Miguel. Y para bajar el postre, podréis probar el único té cultivado en territorio europeo.

3. Corvo

La isla más pequeña del archipiélago, con menos de 500 habitantes, un pequeño aeródromo, dos oficinas bancarias, un par de colmados, un restaurante, un bar y un pequeño y acogedor hotel. Poca cosa más encontraréis en el pequeño y único pueblo de Corvo y a pesar de ello es un mundo en sí mismo. Hay un ambiente familiar que hace que al segundo día ya te sientas como en casa y en temporada baja puede que seáis los únicos viajeros de la isla. Aquí la cotidianidad se vuelve casi exótica. La visita obligada es a la caldera. Todo un espectáculo natural, mucho más salvaje que en Sao Miguel que, con suerte, podréis admirar en plena soledad. Para llegar, si os alojáis en el Hotel Comodoro, Kathy o su padre Manuel (que también es exalcalde y alguien a quien deébis conocer si estáis en Corvo) os subirán en coche sin problemas. Y si hace buen tiempo, es una excursión agradable con premio final. Aquí te explicamos más cosas sobre la isla.

4. Uno de los mejores lugares del mundo para ver ballenas

El caso es que el mar que hay entre Pico y Faial es un buen lugar para ver cetáceos por tres motivos: porque sus rutas migratorias pasan por aquí, porque es una zona muy profunda (de unos 3.000 metros) y porque las Azores hacen de barrera que concentra el alimento que estos animales necesitan (en el caso de las ballenas, plancton y krill). Las compañías de avistamiento aseguran un 98% de éxito. En nuestro caso fue cierto y tuvimos la suerte de encontrarnos con varias.

5. Tradición

Las Azores, como el resto de Portugal, tienen una fuerte tradición católica. Además, estamos hablando de núcleos pequeños y muy apartados de influencias foráneas. Así que es fácil sentir que las costumbres religiosas se siguen con cierto fervor. En Sao Miguel, por ejemplo, ya cuando llegas al aeropuerto de Ponta Delgada te avisan de que si circulas en coche tengas cuidado con los romeiros que te encontrarás a los lados de las carreteras. Durante las seis semanas antes de Pascua, suelen hacer romerías que van de freguesia en freguesia. Visten con capa, pañuelo y bastón y, por lo que vimos, sólo o mayoritariamente son hombres. La costumbre es hacer la romería para cumplir con una promesa.

6. Costa salvaje y escarpada

Las Azores son islas bastante jóvenes, aunque entre ellas hay bastantes diferencias. Por ejemplo, Pico, con 270.000 años, es la más joven, mientras que Santa María, con sus ocho millones de años, es la más longeva. El tiempo modela el paisaje y por tanto, cada una nos ofrece diferentes opciones. Si lo que queréis son playas de arena donde tomar el sol y pasar el día entre baño y baño la mejor opción será Santa María. En cambio, Pico posee una costa mucho más salvaje, rocosa, negra y oscura. Cuando sopla el viento las olas rompen con tanta fuerza que a menudo superan los acantilados de unas decenas de metros. Para nosotros la fuerza de la naturaleza de Pico, pero que también podemos ver en otras islas como en la costa sureste de Sao Miguel, deja huella.

 

7. El vino y sus paisajes (y no, no tienen nada que ver con los viñedos que te imaginas)

Aquí seguimos hablando de Pico y es que es una de las islas más diversas de las Azores. Uno de sus atractivos indiscutibles es su singular paisaje vinícola, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: muros y más muros de piedra que forman una retícula infinita que sale desde el mar y se alarga hasta el infinito. Una construcción meticulosa y obligada para proteger las viñas de la sal y el fuerte viento del Atlántico.