La gastronomía etíope no es precisamente variada y la dieta se basa, básicamente, en la injera. Podría decirse que es el plato nacional y, a primera vista, es muy similar a una crêpe. Está hecha de harina fermentada de tef, un cereal local. La injera sería el equivalente etíope al pan de aquí, ya que acompaña cualquier comida etíope. Suelen servirla de dos maneras. A veces la extienden sobre una bandeja y, encima, sirven diferentes guisos como el doro wat (pollo con salsa), el misr wat (un puré de lentejas) o el shiro wat (puré de garbanzos similar al hummus). Atención porque todos los guisos suelen ser bastante picantes.

En otras ocasiones estos guisos se sirven en plato y la injera viene doblada de manera que recuerda a las toallitas humedas que en algunos restaurantes te ofrecen para lavarte las manos. Lo curioso de este plato es que, además de acompañar los guisos, hace a la vez de cubierto. Su textura, a diferencia del pan al que estamos acostumbrados es húmeda y esponjosa con un sabor un tanto ácido. De todas formas, no os preocupéis si no os acaba de convencer porque en Etiopía es relativamente fácil encontrar comida ya internacional como la pasta, la pizza o unos huevos revueltos. Eso sí, si se viaja a Etiopía es obligatorio probarla y, a ser posible, tomar un buen café etíope a la manera tradicional (reservad unos 20 minutos sólo para prepararlo).